Folia Humanística Número 6. - Junio-julio 2017
Serendipia
Jesus Sueiro Justel
Médico de Familia. Centro de Salud "Concepción Arenal". Santiango de Compostela.

Resumen: La serendipia es una traducción libre de esa suerte que nos toca a veces en la vida y nos da las claves de lo desconocido pero que, en parte, buscamos. El caso de Paula resume esa circunstancia del golpe de suerte, pero también los prejuicios de la profesión médica, las dificultades del diagnóstico cuando nos enfrentamos a una enfermedad poco común, la delgada línea que separa los síntomas inespecíficos de las enfermedades serias. Pero sobre todo nos cuenta una historia de superación, de una deportista de la vida, que se toma cada día como un reto. Para los profesionales es una manera de ponerse en la piel del otro, aprender de nuestros errores y saber escuchar los mensajes que nuestros pacientes nos cuentan detrás de las palabras.

Palabras clave:Enfermedad de McArdle, Astenia, Dolor muscular, montañera, médico de cabecera, glucógeno.



Abstract:Serendipity is a free translation of that fate that does not touch sometimes in the life and the clouds of the unknown but that, in part, we look for. The case of Paula sums up this circumstance of the stroke of luck, but also the prejudices of the medical profession, the difficulties of diagnosis when we face a rare disease, the customs line that separates the symptoms of serious diseases. But above all, it tells us a story of overcoming, an athlete of life, which is taken every day as a challenge. For professionals, it is a way of putting ourselves in the skin of the other, learning from our mistakes and listening to the messages of our patients who count behind the words.

Keywords:McArdle disease, Asthenia, muscle pain, mountaineer, GP, glycogen



Artículo recibido: 19 de octubre 2016; aceptado: 3 julio 2017.
 
Cuando conocí a Paula aún conservaba en su figura huellas indelebles de la muchacha rebelde que había sido, pero en su rostro se dibujaba la sonrisa de satisfacción de las personas que han conseguido en esta vida librar batallas con éxito de pura tenacidad. Su flequillo mal cortado y aquellas prendas deportivas me hacían ver en ella una corredora de fondo, una montañera apasionada. Su lugar de nacimiento le había condicionado la admiración por la montaña, vivía en Zaragoza, a tiro de piedra de los pirineos, donde empezó sus primeros pinitos con sus compañeros y donde empezó también su calvario particular.

Sus primeras expediciones, casi de niña, comenzaron por los tranquilos valles, a la sombra de los hayedos siguiendo el ruido hipnotizador de los regatos, tranquilos en los veranos, torrenciales en las primaveras del deshielo. Aquellas primeras excursiones, como a todos a los que la montaña seduce, no hicieron más que despertar los deseos de ir más lejos, más alto. Se empieza a sentir la llamada de los collados y la curiosidad por lo que habrá al otro lado, después qué se sentirá en lo alto de aquel pico…Al principio era una más y caminaba con sus amigos a buen ritmo, se sentía llena de fuerzas y de vida,  pero a medida que pasaron los años y las caminatas empezaron a endurecerse y a enfilar las cimas, empezó a notar que las fuerzas le flaqueaban, tenía que hacer revueltas cada vez mayores, incapaz de segur la línea recta hacia la cumbre, las etapas se eternizaban en medias laderas para poder compensar la falta de fuerza para levantar las piernas. Sus amigos empezaron a meterse con ella, al principio más en broma, pero con el tiempo fue abandonando los largos recorridos y en plena desesperación empezó otro periplo: las consultas de medicina.

Como médico, me pongo ahora en el lugar del profesional al que acudió Paula por vez primera. Estoy en la consulta después de ver viejecitos estropeados por la vida, los sufrimientos del cuerpo y el alma y sus soledades, y entra en su turno una joven de cara simpática, con rastas en la cabeza, camiseta y chaleco de roquera y alpargatas de colores diciéndome que está cansada….quién no ha tenido la primera tentación de pensar: “Vaya! Otra jovencita con problemas sentimentales…”

El caso es que ante la insistencia de su dificultad para hacer el ejercicio que antes no le costaba nada, el médico accedió a hacerle unos análisis para ver si además de desconsuelos diversos pudiese tener algo de anemia o un hipotiroidismo y además así la dejaba contenta. A los pocos días de hacer su análisis, Paula acudió a la consulta para ver los resultados y salir de dudas de sus problemas.

-Buenos días, ¿Qué tal han salido los análisis?

-Bueno, pues la explicación a tus males la tienes tú, porque anemia no tienes, el tiroides está bien, pero las transaminasas...

-¿Qué quiere decir, doctor?

-Pues tienes las pruebas hepáticas alteradas y eso es que te pasas mucho con el alcohol y es normal que te sientas cansada.

-Pero si yo no pruebo el alcohol, protestó Paula indignada, a lo sumo tomo algo de fin de semana…no puede ser!

-Te voy a pedir una pruebas para ver si esto se justifica por otras causas, si no fuera así, tendrás que tomarte en serio dejar las bebidas de fin de semana.

Los intentos de Paula de convencer a su médico de que era una persona deportista y sana, sin excesos de ningún tipo, chocaron con cierta propensión a prejuzgar a los jóvenes por su aspecto. Su médico quedó totalmente convencido de que aquella chica minimizaba sus excesos y que las juergas de fin de semana eran más etílicas de lo que ella confesaba. Las pruebas serológicas e inmunológicas descartaron razonablemente otro origen de la hepatopatía y eso todavía le afianzó más el convencimiento del origen toxico de su alteración hepática.

Por su parte, en Paula cundió el desconcierto y la desconfianza. No acababa de entender nada. Sus vanos intentos de reivindicar su buen cuidado en las sucesivas consultas, la llevaron a no volver por el centro de salud. Pero su incapacidad seguía haciendo mella en ella y en las relaciones con sus compañeros de montaña y amigos. Aunque fue aprendiendo que, a veces, un poco de descanso en las caminatas le permitía recobrar parte de la fuerza. En esa época conoció a un joven montañero con el que empezó a entenderse cada vez mejor y a compartir más ilusiones y proyectos de nuevas cordilleras, pero la realidad les hizo ver a los dos que Paula tenía unos límites que no se solucionaban porque Juan le llevase la mochila con todo su cariño. Fue entonces cuando le insistió que debía volver al médico para estudiar su problema.

- De ninguna manera, yo allí no vuelvo. ¡A ese médico no quiero verle ni en pintura!

-  Pues cámbiate a mi centro y ya está. Te acompaño.

Después de varias conversaciones, Paula aceptó que algo debía tener y era mejor tratar de buscar la solución en otro sitio. Pero esta vez tenía la lección aprendida y tenía claro lo que iba a decir. Acudió al nuevo centro de salud y, sin darle tiempo a saludar a su nuevo médico, le espetó:

- Buenos días, he venido a este centro porque estaba harta de mi antiguo médico de cabecera. Estoy aburrida de que me diga que soy alcohólica. A mí, que no pruebo el vino ni las copas. Lo único que me pasa es que me canso, no puedo con las piernas al empezar a hacer ejercicio y me duelen de tal manera que tengo que pararme y volver a empezar.

La suerte de este caso es que en ese momento en que Paula desgranaba sus síntomas con toda exactitud y vehemencia, entró la enfermera a comentarle algo a su médico y se quedó absorta oyéndola relatar su cuadro. Cuando acabó no dejó intervenir al médico y le preguntó a bocajarro a aquella joven a la que acababa de conocer:

- Oye y a ti cuando te pasa eso ¿Se te pone la orina oscura?

Paula se quedó perpleja mirando a aquella mujer que parecía le había descubierto su secreto y comprendido por primera vez en su experiencia con la medicina.

- Pues si,….la verdad es que ahora que lo dices tengo la orina muy cargada…

- ¿Cómo Coñac?

-….Sí, es cierto, ¿como lo sabes?

-Tú tienes la misma enfermedad que yo: la enfermedad de McArdle.

Después de la estupefacción que siguió al diagnóstico, empezó las explicaciones que para ella, ya veterana de la enfermedad, eran su rutina diaria. Las alteraciones bioquímicas no eran hepáticas, sino musculares, Su fatiga por la falta de utilización del Glucógeno muscular, los dolores por la rotura de las fibras y la mioglobinuria consecuente…De repente a Paula empezaron a encajarle todas las piezas de su puzzle vital y empezó a entender, por primera vez, todo lo que le pasaba y hasta ese “segundo aliento” que le permitía recobrar fuerzas tenía una explicación bioquímica en el uso de las grasas como combustible muscular. Con esa autoestima recuperada y sus enormes ganas de saber y luchar es como se ha convertido en un destacado miembro de la asociación de enfermos de MacArdle y continua sus periplos, ahora otra vez, en la montaña.

 

Jesus Sueiro Justel
 
Médico de Familia
Centro de Salud “Concepción Arenal”
Santiago de Compostela
 
jesueiro@movistar.es



Cómo citar este artículo:
Sueiro Justel, J., “Serendipia”,  Folia Humanística, 2017 (6): 33-46 . Doi: http:// (pendiente)


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