Folia Humanística Número 11. - febrero-marzo 2019
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Presentación de la IV Jornada Moisès Broggi sobre \"Pensamiento crítico: aprender a pensar\" de 2018
Marc Antoni Broggi
Médico Cirujano. Presidente de la Sociedad Catalana de Bioética

Artículo recibido:  21 noviembre 2018; aceptado: 8 marzo 2019.

La Fundación Letamendi-Forns tiene una larga tradición en el cultivo conjunto de las ciencias y las humanidades. Su revista Folia Humanística desde 1960, su primera etapa, hasta en la reciente, es el ejemplo más visible de ello. Bajo la presidencia de Moisés Broggi se organizaron cursos anuales de debate sobre problemas actuales que requieren este tratamiento multidisciplinar, a menudo colaborando con otras instancias como la Universidad Menéndez y Pelayo (Ernest Lluch) o la Fundación Víctor Grifols i Lucas.

Las que ahora llamamos Jornadas Moisés Broggi en su honor quieren seguir ofreciendo ese mismo espacio de reflexión para que se puedan expresar puntos de vista diferentes, desde distintos ámbitos, en torno a las formas de atención a los ciudadanos y a sus cuestiones de salud.


“Salud, humanismo y diálogo” son palabras clave del ideario que preside las actividades de la Fundación. Entendiendo por salud, no sólo la ausencia de enfermedad, sino también aquel estado personal que permite a cada uno disfrutar de la propia vida a su manera, aceptando las limitaciones propias y desarrollando las potencialidades de autorrealización que pueda tener. Creemos que es un reto por el que se tiene derecho a la ayuda de los demás.

Y esto nos lleva a hablar de lo que entendemos por humanismo como referencia ineludible a la calidad de la ayuda a este esfuerzo. Humanismo es, más allá del gusto por la cultura que hemos recibido y que cultivamos, un compromiso con los humanos que nos rodean; un compromiso sin el cual, como dice George Steiner, "las humanidades no humanizan forzosamente". Es decir, defendemos que el humanismo, para serlo, debe ser sobre todo humanitario, que descubra necesidades y que sea motor de ayuda solidaria.

Con este espíritu, ya en las tres Jornadas Moisés Broggi anteriores se habían tratado problemas ligados a la educación y a la salud al mismo tiempo: por ejemplo, los trastornos de aprendizaje y el fracaso escolar, la oportunidad del diagnóstico del autismo y la distinción con los trastornos similares, la mejora del trato a la dislexia, etcétera. También esta IV Jornada se adentró en el mundo de la formación saludable. En concreto, se abordó la cuestión de la necesidad de adquirir un pensamiento crítico: de cómo aprender a pensar y de cómo enseñar a pensar. Citando Albert Einstein: "El objetivo de la escuela debería ser que el joven saliera con una personalidad armoniosa, no especialista (ni incluso, de una escuela técnica). La prioridad no debería ser la adquisición de conocimientos sino el aumento de la capacidad de raciocinio y de pensamiento crítico".

El reto es que la enseñanza dé oportunidades para aprender a vivir mejor, más plenamente; con menos miedo, diría Erich Fromm. Por lo tanto, que estimule el hecho de atreverse a dudar, tal como se defiende en el libro de la profesora Victoria Camps Elogio de la duda que se distribuyó entre los participantes. De hecho, no es más que seguir el sapere aude de Ovidio, aquel "atrévete a pensar" que se convirtió después en lema de la Ilustración. En buen catalán diríamos: "atrévete a parlamentar!!!", y sobre todo a reconsiderar lo que pensabas y estar dispuesto a corregirlo según lo que resulte del diálogo.

Porque es con un diálogo razonable (crítico y autocrítico) que puede esperarse un buen conocimiento, un conocimiento más científico, menos simplificador y menos conformista con lo que hay. Por lo tanto, que puede llegar a ser más emancipador. En todas las ediciones de estas jornadas precisamente se ha querido establecer un clima de diálogo así.

Permitidme que haga un breve resumen de lo que han sido estas Jornadas que hemos dedicado al Pensamiento Crítico, a su aprendizaje y enseñanza.

En la presentación de esta última jornada nos acompañó Aleix Clos, profesor de lengua y literatura,ahora director del Instituto Moisés Broggi con el que nos mantenemos en contacto estrecho. No sólo porque su Institución lleve ese nombre que tanto nos une, sino también porque, desde su renovación hace ya un tiempo, nos consta que se cultiva el espíritu crítico que defendemos y que íbamos a tratar ese día. En pocos años, de las cenizas del antiguo José de Calasanz, surgió, gracias sobre todo al empuje de José Manuel Celorio, un centro de gran nivel, este Institut del Camp de l’Harpa. Nos aportó una muestra de las líneas maestras que conforman su actividad, con ejemplos de actividades que mostraban este interés por una formación integral de la persona. El éxito de su Bachillerato Internacional es un ejemplo.
 
CONFERENCIA DE VICTORIA CAMPS

Después, la profesora de ética Victoria Camps impartió una conferencia sobre lo que debemos entender por pensamiento crítico.

Cuando me interesé por la bioética, uno de los aspectos más gratificantes que encontré fue el del diálogo interprofesional, intercultural de hecho: en él coincidía gente del derecho, de la administración, evidentemente de la salud en todas sus ramas, y de la filosofía. Estos últimos aportaban lo que hoy tratamos: precisión en los conceptos, más preguntas que respuestas, sentido crítico. Y, para mí, encontrarme concretamente con Victoria Camps representó un insight. Se trataba de un potente foco de atracción, por la profundidad de su pensamiento y, a la vez, por su carácter cercano, amable y convincente. Todos habíamos leído su libro Virtudes públicas, y una Historia de la Ética de la que había sido editora. Ella encarnaba lo necesario en bioética, ya fuera en cuanto a rigor intelectual como claridad de exposición. Me impresionó especialmente la valentía con que se preguntaba abiertamente cualquier cosa y su crítica a toda idea poco razonable. Juntos hemos hecho mucho camino, en la Fundación Grífols o en trabajos en el Comité de Bioética de Cataluña.

Conviene mencionar que una amplia curiosidad le ha llevado a temas diferentes y que sobre todos ellos ha escrito bien y con claridad. Se acercó a la filosofía del lenguaje; a la metafísica; al feminismo o a la ética del periodismo. No eludió la política comprometida (fue senadora, ha publicado sobre civismo y ciudadanía, y ahora ha sido elegida miembro del Consejo de Estado). Se sumergió en la bioética, con aportaciones tan meritorias como los libros Una vida de calidad, o El lugar de las emociones en la Bioética. Y también ha tratado reiteradamente preguntas en el ámbito de la docencia, (ver como ejemplo Cómo educar a los hijos).

Su conferencia magistralen esta Jornada se puede ver en formato vídeo en https://www.fundacionletamendi.com/videos-iv-jornades-moises-broggi/
 
Después siguieron las exposiciones de tres ponentes en una misma mesa de discusión, representativos cada uno de ellos de uno de tres niveles pedagógicos diferentes: primaria, secundaria y universidad. Dirigió la mesa Joan Rué domingo, exdirector del Departament de Pedagogia de la Universidad Autónoma de Barcelona y director de la Revista de Pedagogía de la Societat Catalana (IEC), quien enfatizó la necesidad de políticas educativas que favorezcan la introducción del pensamiento crítico a todos los niveles educativos. 

En primer lugar, habló Jordi Nomen, maestro de la Escola Sadako de Barcelona. Defendióque la escuela debe estimular el pensamiento crítico de los niños desde la más temprana edad, aprovechando su capacidad de sorpresa y su insaciable curiosidad. Ya se extendió sobre ello en su celebrado libro del Niño filosofo. Abundó en su exposición sobre cómo la escuela debería ser “receptáculo” de saberes, procedimientos y valores que desarrollen la competencia crítica de los alumnos en su relación con los demás y con el mundo que les rodea. Mas que dar respuestas el profesor debe realizar preguntas que estimulen y motiven al alumno.

Seguidamente, Jordi Carmona, (Escola Garbí) se mostróinsatisfecho con el estado actual de la pedagogía. Destacóla necesidad urgente de enseñar a pensar en todos los escenarios de la formación, sin distinguir entre necesidades formativas para la profesión de aquellas otras más personales. “Aprender a pensar de modo crítico, dijo, es educarse”, y cree que nunca será esto posible si antes no analizamos nuestras propias limitaciones y no atendemos las claves básicas para hacerlo posible. Acabó con diez propuestas útiles para cualquier análisis sobre la cuestión que pretenda ser honesto, entre las que destacó la participación a todos los niveles de los alumnos.

Finalmente, Francesc Borrell, médico de familia y profesor titular del Departament de Ciències Clíniques de la Universitat de Barcelona, cerró la mesa con una exposición sobre la dificultad de utilizar el pensamiento crítico en la práctica. Y se basó para ello en su larga experiencia y en su demostrada capacidad de análisis. Con varios ejemplos muy ilustrativos evocó de que modo la “independencia de criterio” debe cotejarse con una necesaria dependencia de la comunidad científica, del pensamiento establecido, para adquirir, con una cierta “inmersión, imitación y contraste”, aquella capacidad necesaria para diseñar y saber modificar diagnósticos y sobre todo para llegar a definir la mejor conducta a seguir. Es una ponderación que requiere, subrayó, curiosidad, humildad y una puesta al día permanente.

Es algo que ahora puede leerse en las intervenciones ahora transcritas en este número 10 de Follia Humanística, en cierto modo monográfico, que la Fundación Letamendi-Forns les ofrece.



Cómo citar este artículo:

Broggi, M. A., “Presentación de la IV Jornada Moisès Broggi sobre 2018”, Folia Humanística, 2019 (11): 1-5. Doi: http://dox.doi.org/10.30860/0046.


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